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Producción Minera

La minería es el conjunto de actividades referentes al descubrimiento y la extracción de minerales que se encuentran debajo de la superficie de la tierra. La capa externa del globo terrestre se compone de materias muy diversas que se engloban bajo el nombre de rocas, formadas a su vez por una serie de minerales: que son cuerpos homogéneos, tanto física como químicamente, cuya composición química y propiedades están, por lo general, bien definidas y constantes en cualquier parte del mundo, siendo de consistencia sólida (salvo una excepción: el mercurio), y que han surgido en forma natural.

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Clasificación de minerales

Los minerales pueden ser metálicos (cobre, hierro, aluminio, manganeso, plomo, zinc, oro, cobre, etc.), no metálicos (amianto, grava, calizas,etc) y energéticos, como el carbón y el petróleo.

Recursos metálicos: se llama recursos metálicos a todos los minerales de los cuales se pueden obtener metales. Las tratamientos a los que se someten estos minerales son variados. En el caso del hierro, las menas (parte de un filón que contiene minerales útiles en proporción predominante y listos para su explotación metalúrgica) se tratan en altos hornos, mezclándolas con un tipo de carbón de gran poder calorífico, y calentando la mezcla a altísima temperatura. El producto resultante, el arrabio, es el material base para obtener las variedades industriales de hierro y acero.

Recursos no metálicos: los recursos no metálicos son el resto de recursos minerales que tienen alguna aplicación en la industria. El hormigón es una mezcla formada por cemento, arena, grava y piedra triturada que se utiliza en la construcción de edificios y de otras estructuras. La cal, el yeso, el cemento y sus derivados son materiales de origen mineral que se obtienen tras realizar diversos tratamientos industriales.

Recursos minerales en Argentina

Argentina es un país sumamente rico en recursos mineros. Presenta una superficie cercana a los 2,7 millones de kilómetros cuadrados y el 75% de las áreas con potencial minero se encuentran sin explorar.

Gran parte de los depósitos minerales se encuentran cercanos a la Cordillera de Los Andes. Sobre ella se sitúan los principales distritos mineros en exploración y explotación. De norte a sur del país, yacen importantes concentraciones minerales.

En la zona del altiplano se encuentran yacimientos de plomo, zinc, estaño y plata; más al sur existen importantes recursos en sales de litio y potasio. Adicionalmente, al oeste, existen importantes recursos de cobre y oro, y de plata y oro en Catamarca.

Fuera del ambiente de la Puna, al sur de la provincia de Catamarca, yacen depósitos de cobre, molibdeno, oro y plata. En la zona de Cuyo (La Rioja, San Juan, Mendoza y San Luis) la variedad de prospectos, algunos devenidos en yacimientos, manifiestan el potencial geológico de los terrenos que los alojan.

Al oeste, en Valle del Cura, con numerosos prospectos y dos yacimientos de oro y plata, se conforma uno de los distritos auríferos-argentíferos más importantes del planeta. Al este de la región cuyana, rica en rocas calcáreas, se manifiestan importantes recursos en oro, plata, plomo y zinc (áreas de Gualcamayo y Hualilán) y, al sur-sureste, en cobre y molibdeno.

Actualidad del sector

La minería argentina ha atravesado grandes cambios en los últimos 15 años. Con la sanción de la Ley 24.196/93 de inversiones mineras, se dio el marco legal para el desarrollo de esta actividad. Desde entonces comenzaron a llegar a la Argentina flujos de capitales destinados a grandes proyectos mineros, atraídos por el gran potencial geológico y por los incentivos a la inversión que ha tenido la minería en Argentina desde entonces.

El flujo de inversiones extranjeras se dirigió principalmente a la exploración y explotación de minerales metalíferos, destacándose los proyectos de Bajo La Alumbrera y Salar del Hombre Muerto (Catamarca); Mina Aguilar (Jujuy); Cerro Vanguardia (Santa Cruz) y Veladero (San Juan). Estos cinco proyectos se encuentran en explotación. A su vez, hay un grupo de grandes proyectos que se encuentran en la etapa de exploración o prospección.

Prospección: El proceso inicial en la búsqueda de un yacimiento mineral, consiste en ubicar las llamadas anomalías geológicas en la corteza terrestre, es decir, zonas en que se hallan alteraciones, fallas o fracturas, y en general existan lugares diferentes de las rocas naturales. Estas zonas representan lugares geológicos en que pueden existir minerales metalíferos susceptibles de explotación. Esta etapa de la búsqueda de yacimientos se llama cateo y se ejecuta generalmente por individuos llamados cateadores, que pueden actuar independientemente o a sueldo de alguna empresa. El cateo y alguna otra fase más avanzada en la búsqueda de anomalías geológicas constituyen la etapa de Prospección. Luego de completar la etapa de cateo y prospección, y si ésta ha sido prometedora, viene la etapa de Exploración que se ejecuta con técnicas más avanzadas. De los datos obtenidos en la exploración se confecciona lo que se llama un Perfil del yacimiento. Nuevamente si éste es prometedor, se lleva adelante una mayor exploración y se empieza a calcular y a ejecutar el llamado Estudio de Factibilidad del proyecto.

Impacto ambiental

Las actividades mineras comprenden diversas etapas, cada una de las cuales conlleva impactos ambientales particulares. En un sentido amplio, estas etapas serían: prospección y exploración de yacimientos, desarrollo y preparación de las minas, explotación de las minas, tratamiento de los minerales obtenidos en instalaciones respectivas con el objetivo de obtener productos comercializables.

En la fase de exploración, algunas de las actividades con impacto ambiental son la preparación de los caminos de acceso, mapeos topográficos y geológicos, el montaje de campamentos e instalaciones auxiliares, trabajos geofísicos, investigaciones hidrogeológicas, aperturas de zanjas y pozos de reconocimiento, tomas de muestras. Durante la fase de explotación, los impactos que se producen están en función del método utilizado.

En las zonas de bosque, la sola deforestación de los suelos con la consiguiente eliminación de la vegetación -más vasta en los casos de minas de cielo abierto- tiene impactos a corto, mediano y largo plazo. La deforestación no solo afecta el hábitat de cientos de especies, sino el mantenimiento de un flujo constante de agua desde los bosques hacia los demás ecosistemas y centros urbanos. La deforestación de los bosques primarios causa una rápida y fluida escorrentía de las aguas provenientes de las lluvias, agravando las crecidas en los periodos de lluvia debido a que el suelo no puede contener el agua como lo hace en presencia de las masas boscosas.

El enorme consumo de agua que requiere la actividad minera generalmente reduce la napa freática del lugar, llegando a secar pozos de agua y manantiales. El agua suele terminar contaminada por el drenaje ácido, es decir la exposición al aire y al agua de los ácidos que se forman en ciertos tipos de mena --especialmente las sulfúricas-- como resultado de la actividad minera, los que a su vez reaccionan con otros minerales expuestos. Por otro lado, las pequeñas partículas de metales pesados que con el tiempo pueden separarse de los residuos, se diseminan con el viento depositándose en el suelo y los lechos de los cursos de agua e integrándose lentamente en los tejidos de organismos vivos como los peces. Productos químicos peligrosos utilizados en las distintas fases de procesamiento de los metales, como cianuro, ácidos concentrados y compuestos alcalinos, si bien supuestamente están controlados, es moneda corriente que terminen, de una forma u otra, en el sistema de drenaje. La alteración y contaminación del ciclo hidrológico tiene efectos colaterales muy graves que afectan a los ecosistemas circundantes --de manera especialmente agravada a los bosques-- y a las personas.

La contaminación del aire puede producirse por el polvo que genera la actividad minera, que constituye una causa grave de enfermedad, generalmente de trastornos respiratorios de las personas y de asfixia de plantas y árboles. Por otro lado, suele haber emanaciones de gases y vapores tóxicos, producción de dióxido de azufre --responsable de la lluvia ácida-- por el tratamiento de los metales, y de dióxido de carbono y metano --dos de los principales gases de efecto invernadero causantes del cambio climático-- por la quema de combustibles fósiles y la creación de lagos artificiales detrás de los embalses hidroeléctricos destinados a proporcionar energía para los hornos de fundición y las refinerías.

La actividad minera, además, consume enormes cantidades de madera para la construcción --en el caso de las minas subterráneas--, y también como fuente de energía en el caso de las minas con hornos de fundición a base de carbón vegetal. También, cuando se realiza en zonas remotas, implica grandes obras de infraestructura, como carreteras --que abren el acceso a los bosques--, puertos, poblados mineros, desviaciones de ríos, construcción de embalses y centrales generadoras de energía.

Tanto el ruido de la maquinaria utilizada en la minería como las voladuras no son un impacto menor, ya que crean condiciones que pueden resultar insoportables para las poblaciones locales y la fauna de los bosques.

El marco legal en relación a la Minería y a las inversiones en este sector incluye:

El Código de Minería.
La Ley de Inversiones Extranjeras, N° 21.382.
Las leyes de inversiones mineras: N° 24.196; 24.296; 24.224; 24.402; 24.498; 25.161 y 25.429.
Los tratados de integración minera con Chile y Bolivia.

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