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Trayectorias escolares: una aproximación metodológica

El Ministerio de Educación Nacional cuenta con un conjunto de indicadores elaborados en base a un marco conceptual que puede sintetizarse en el siguiente esquema:

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Para cada área de este esquema se consideran diferentes indicadores. Así, el “porcentaje de población urbana” es uno de los indicadores del CONTEXTO DEMOGRÁFICO del sistema educativo. O bien, por citar otros ejemplos, el “porcentaje de docentes con formación pedagógica” es considerado un indicador dentro del área de RECURSOS HUMANOS y el “máximo nivel educativo alcanzado por la población adulta”, un indicador referente al IMPACTO del sistema educativo en el contexto.

Este sistema de indicadores constituye un esquema complejo que considera al sistema educativo en sus relaciones de ida y vuelta con el contexto. En este sentido, muchos de los indicadores pueden referir o mostrar resultados de políticas de educación inclusiva[1].

Una aproximación cuantitativa a la observación de las trayectorias escolares

Destacamos, en este caso, aquellos indicadores que refieren especialmente a la trayectoria de los estudiantes a través de los diferentes niveles o ciclos educativos.

Asimismo, es importante vincular los indicadores relativos a trayectorias escolares con los de cobertura del sistema, ya que la misma muestra la incorporación de la población a la escuela. En relación a la cobertura educativa podemos mencionar la “tasa neta de escolarización por nivel de enseñanza” y la “tasa de escolarización por grupos de edad”. Ambos indicadores se incluyen en el área de PROCESOS del esquema presentado y refieren especialmente al acceso de los estudiantes a la escuela.

La “tasa neta de escolarización por nivel de enseñanza” es el porcentaje de niños o jóvenes que cursan un nivel determinado a la edad teórica correspondiente en relación con el total de población de ese grupo de edad. La “tasa de escolarización por grupos de edad” es el porcentaje de niños o jóvenes de una determinada edad que se encuentran en el sistema en relación al total de población de esa misma edad. Ambos indicadores muestran la cobertura y hacen referencia a la igualdad alcanzada en la inserción educativa. Según un documento elaborado por el Ministerio Nacional de Educación[2] en base a datos de los Censos de Población 2001 y 2010 del INDEC, la escolarización en sala de 5 años pasó de 78.8% a 91.1% en el período inter-censal, incrementándose un 12, 3%. La tasa de asistencia de la población de 6 a 11 años pasó de 98.3% a 99.0% en el mismo período. Mientras que la tasa de asistencia al secundario es del 82.2% en el año 2010. El mismo documento compara la tasa de asistencia de los jóvenes de 12 a 14 años en el ciclo básico del secundario, que pasa del 78.0 al 85.4% y la de asistencia de jóvenes de 15 a 17 años al ciclo orientado del secundario que se incrementa de 53.6 a 54.5% entre los dos censos.

 

El nivel primario, que se expandió tempranamente en nuestro país, muestra el porcentaje más alto de niños escolarizados a la edad teórica correspondiente. Por su parte, la sala de 5 años, obligatoria actualmente y a partir de la sanción de la anteriormente vigente Ley Federal de Educación, muestra una cobertura alta en función de los esfuerzos que las jurisdicciones han realizado al respecto. Finalmente, el nivel medio es el que presenta, comparativamente, una cobertura más deficiente. Esto se explica, en parte, porque su obligatoriedad a nivel nacional recién se sanciona con la nueva Ley de Educación Nacional en 2006.

Asimismo, el secundario constituye un nivel de educación donde confluyen problemáticas diversas que dificultan tanto el ingreso como la permanencia y la regularidad de las trayectorias educativas.

Entre ellas, el ingreso de nuevos públicos tradicionalmente no escolarizados, la confluencia de estudio y trabajo en gran parte de la población escolarizada en el nivel y la expansión más tardía del mismo.

Otros indicadores del área PROCESOS son los referidos a las trayectorias educativas de los estudiantes que también pueden ser utilizados para “medir”, en parte, los recorridos escolares y son complementarios a otras medidas de inclusión educativa. Entre ellos podemos mencionar la “tasa de promoción efectiva”, la “tasa de repitencia” y la “tasa de abandono interanual”. En conjunto, estos tres indicadores representan los posibles recorridos de una población escolar determinada. Es decir, del total de los alumnos de un nivel, curso o conjunto de escuelas de un programa específico, por ejemplo, aquellos que promocionan son el porcentaje que pasa de un año al correlativo siguiente, otros repiten[3] de años, mientras que el resto es el porcentaje que abandona la escuela. Estos indicadores reflejan las trayectorias de los estudiantes, el tipo de pasaje por la escuela, la regularidad con que logran realizar sus estudios. Es decir, repitencia y abandono interanual constituyen medidas importantes respecto de las necesidades de inserción educacional de la población.

Ahora bien, las trayectorias escolares se pueden tornar irregulares (en el sentido de sostener la cursada y hacerlo en edad teórica correspondiente) por diferentes motivos. En un caso, repetir de curso produce sobreedad; en otros, los estudiantes abandonan su escolarización. Sin embargo, en algunos casos el indicador “abandono interanual” puede producir un porcentaje negativo. Cuando esto ocurre, la tasa de promoción efectiva es mayor a 100%. Este fenómeno también se vincula con la irregularidad de las trayectorias escolares pero es positivo, ya que, siempre a nivel nacional y en algunos casos a nivel jurisdiccional, indica el ingreso de estudiantes que se encontraban fuera del sistema, reincorporándose a la escuela. Cuando se calcula el indicador a niveles de desagregación más bajos, como puede ser por provincia o departamento, el abandono negativo puede significar el pasaje de estudiantes de jurisdicción. Así, por ejemplo, un departamento provincial puede atraer estudiantes de otro departamento cercano o pueden crearse nuevas escuelas o secciones en las que se inscriben alumnos que el año anterior cursaban en escuelas de otros departamentos. En este caso, el departamento receptor de nuevos estudiantes, puede presentar un abandono negativo por tener mayor matrícula en un año determinado que en el año de estudio y año lectivo anteriores.

La sobreedad

Este indicador refiere a aquellos estudiantes de mayor edad a la correspondiente al año de estudio que cursan. La sobreedad de los alumnos puede obedecer a un ingreso tardío al sistema, a la repitencia de uno o más años de estudio o bien al abandono de la escuela por un tiempo y posterior reincorporación. Así, la sobreedad se vincula con los indicadores relativos a trayectorias escolares.

Un indicador complementario al “porcentaje de sobreedad” es el “índice de cobertura oportuna”. En el Documento “Informe Regional de Revisión y Evaluación del Progreso de América Latina y el Caribe hacia la Educación para Todos en el marco del Proyecto Regional de Educación (EPT/PRELAC)”[4] se define y utiliza este indicador. La “cobertura oportuna” se define como “el porcentaje de personas que se encuentra cursando el grado que corresponde de acuerdo con su edad. La cobertura oportuna en cada grado da cuenta de la probabilidad efectiva que una cohorte poblacional tuvo de ingresar oportunamente al sistema y progresar a través de él de la manera esperada, sin abandonos ni repeticiones. Las variaciones entre dos edades consecutivas da cuenta de la capacidad del sistema para conservar los niveles previos; o sea, da cuenta de en qué medida el sistema educativo atrasa o expulsa estudiantes a lo largo de sus trayectorias educativas.” (ETP/PRELAC, 2007:121).

Mientras la sobreedad muestra la proporción de estudiantes mayores a la edad correspondiente para cursar un año de estudio, ciclo o nivel; la cobertura oportuna mide el porcentaje de estudiantes que, por el contrario, están escolarizados a la edad teórica correspondiente.

En síntesis, para la toma de decisiones de política y gestión educativa es central el análisis de trayectorias educativas. El comportamiento escolar de un conjunto de estudiantes que ingresan en determinado momento en el sistema, que realiza recorridos más o menos regulares, en mayor o menor tiempo, constituye información central para la evaluación y monitoreo del sistema educativo.

Las trayectorias y el nivel inicial

INGRESO TARDÍO

El porcentaje de alumnos de primer grado de educación básica que ingresan con mayor edad que la teóricamente correspondiente constituye un indicador del ingreso tardío a primer grado. Esta problemática nos informa acerca de los inicios de las trayectorias escolares.

TASA NETA de ESCOLARIZACIÓN de SALA de 5

El porcentaje de alumnos de primer grado de la educación básica que no asistieron a sala de 5 años de nivel inicial constituye un indicador proxy de la tasa de escolarización neta en sala de 5 años. En efecto, dos son los supuestos que subyacen a esta construcción: por un lado, se basa en que la cobertura del primer año de la escolarización básica es prácticamente universal y, por otro, en cierta estabilidad de las tendencias de escolarización de un año a otro. Sobre esta base, los niños que no asistieron a la sala obligatoria del nivel inicial del total de los estudiantes de primer grado constituyen una aproximación muy cercana a la tasa de escolarización neta en sala de 5 años el año lectivo anterior al tomado como referencia.

 

Documento elaborado por Ma. Alejandra Sendón

Enero de 2013


 

[1] La información primaria para el cálculo de los indicadores que conforman este esquema es obtenida de diversas fuentes, tanto de relevamientos períodicos realizados por el Ministerio de Educación Nacional como de censos y encuestas realizados por otros organismos estatales.

[2] http://www.sigen.gov.ar/red_federal/pdfs_red/plenario1_pres_educacion.pdf, consultado el 21 de enero de 2013.

 

[3] Repetir el año significa re-cursar nuevamente una etapa anterior que ya se transitó con el propósito de mejorar o solucionar problemas de aprendizaje de los alumnos. Existe amplio debate en torno al valor de la repitencia y a los riesgos que ésta implica si llega a constituirse una estrategia basada en la reiteración de la propuesta de enseñanza más que en una adecuación de la misma a las necesidades y dificultades de los alumnos.

[4] II Reunión Intergubernamental del Proyecto Regional de Educación para América Latina y el Caribe, 29 y 30 de marzo de 2007, Buenos Aires, Argentina.

 
   
 
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